Una voz que contiene al mar: El manifiesto sonoro de Jolanda Moletta

Oceanine, Jolanda Moletta.
Album commentary
"Mi voz no debía liderar, sino convertirse en el paisaje a su alrededor... Mi voz se convierte en el Océano mismo". – Jolanda Moletta

¿Puedes imaginar un océano entero construido exclusivamente con las infinitas capas de una sola voz humana? 

Esa es la propuesta técnica y espiritual que da forma a Oceanine, la nueva entrega multimedia de la artista Jolanda Moletta. Utilizando técnicas vocales extendidas y procesamiento en vivo, Moletta ha diseñado una arquitectura sónica donde cada pista nace de una "semilla vocal" (un fragmento crudo de apenas unos segundos) aportada por una vocalista femenina diferente. 

Lejos de presentarse como una colección de canciones al uso, este trabajo se despliega como un manifiesto feminista y una pieza de arqueología simbólica que busca devolverle a la voz femenina su poder originario. Moletta, operando como “un coro electrónico de una sola mujer”, transformando el estudio de grabación en un espacio ritual donde el sonido no busca decorar, sino activar un proceso de supervivencia, regeneración y memoria ancestral.

A través de composiciones sin palabras que transitan entre lo luminoso, lo salvaje y lo fracturado, Moletta reclama el arquetipo de la sirena no como una trampa mortal, sino como un oráculo de intuición y sabiduría. Es un llamado directo al inconsciente colectivo que nos obliga a hacernos una pregunta incómoda: ¿y si la voz de la sirena siempre fue temida porque custodiaba una verdad que el mundo moderno se empeñó en olvidar?

Para comprender el mensaje de Oceanine, es necesario desmantelar la imagen domesticada e infantil que la cultura popular ha heredado de la sirena. Para este trabajo, Jolanda Moletta, influenciada por los trabajos de la analista junguiana Marie-Louise von Franz sobre la interpretación simbólica de los cuentos de hadas, propone una lectura que excava en el inconsciente colectivo para rescatar al arquetipo antes de su distorsión patriarcal.

La sirena que Moletta invoca no pertenece al imaginario de la Edad Media (esa criatura mitad mujer, mitad pez, esculpida en las piedras de las catedrales con doble cola como un burdo recordatorio del pecado carnal, la tentación y la culpa). El viaje de Oceanine va mucho más atrás, hacia las raíces de la mitología grecorromana.

En su origen primitivo, las sirenas eran seres liminales: criaturas híbridas de ave y mujer que operaban como “psicopompos”, entidades sagradas encargadas de guiar a las almas en el umbral entre la vida y la muerte. Su peligro no radicaba en una seducción superficial o en una maldad gratuita, sino en la naturaleza de su canto, el cual portaba un conocimiento prohibido, visiones proféticas y verdades incómodas sobre el destino que los seres humanos no “estaban listos para escuchar”.

El miedo histórico a la voz de las mujeres es, en realidad, el miedo a su intuición, a su sabiduría salvaje y a su capacidad para habitar los bordes de lo visible.

Oceanine confronta este legado de frente y sin objeciones. Las voces que habitan el álbum rechazan explícitamente el rol de ser solo un adorno o algo de complacencia estética; se presentan de forma simultánea como oscuras y luminosas, reconfortantes y amenazantes, ensoñadoras y fracturadas por la distorsión. Al rozar la superficie del agua o hundirse en sus abismos, estas composiciones sin palabras se convierten en lamentos, susurros y advertencias cargadas de una emoción elemental. Al negarse a ser reducidas a mera decoración, las voces de este disco recuperan su estatus de oráculo: son portadoras de una verdad antigua que exige ser escuchada con el cuerpo entero.

Ahora bien, la tesis conceptual de Oceanine encuentra su reflejo exacto en su metodología de producción. Pues si el álbum es un manifiesto de comunidad artística y sororidad, la estructura musical del disco lo demuestra de una forma radical: la obra está construida de manera exclusiva a partir de la voz humana, procesada y multiplicada, pero despojada de cualquier otro instrumento ajeno a la garganta. 

Para lograrlo, Moletta diseñó un proceso de colaboración tan íntimo como meticuloso. Invitó a diversas vocalistas a enviar una "semilla vocal" (fragmento crudo, un suspiro o una melodía de apenas unos segundos de duración) inspirada en el misticismo del agua y la rabia o melancolía del arquetipo. Lejos de utilizar la tecnología para clonar su propia voz o recurrir al uso práctico de samples, Jolanda Moletta tomó la firme decisión estética de cantar de forma presencial cada nota de cada acorde, armonía y progresión.

"Mi voz no estaba destinada a liderar, sino a convertirse en el paisaje a su alrededor", explica Moletta. "En este mapa sónico, mi voz se convierte en el Océano mismo: un elemento denso e inmenso que abraza, absorbe y sostiene los cantos de las sirenas".

El resultado es un ecosistema de voces corales masivo, una suerte de "orquesta de una sola mujer" que envuelve las aportaciones de sus invitadas. Situando estos breves fragmentos ajenos en el centro de la escena y tejiendo a su alrededor catedrales de sonido texturizado, Moletta subvierte las jerarquías tradicionales de la composición. La música deja de ser un ejercicio de ego para transformarse en una forma de arquitectura donde la individualidad de cada cantante es protegida, amplificada e iluminada por la inmensidad del mar que la rodea.

También debemos comentar que la carga simbólica de Oceanine se cierra de manera circular al volver al espacio que la vio nacer. Pues, el álbum no se limita al aislamiento del estudio de grabación, sino que se extiende hacia el entorno físico a través de una obra performativa y cinematográfica rodada en el litoral del Mar Ligure. Allí, en la misma costa mediterránea donde Jolanda Moletta pasó su infancia escuchando el oleaje como si fuera un oráculo, la artista decidió adentrarse en una imponente cueva marina para realizar una sesión en vivo completamente improvisada.

Ese espacio de piedra y agua no funcionó como un simple decorado estético; se convirtió en un co-compositor de la obra. Cantar bajo esas cúpulas de piedra obligó a Moletta a despojarse de estructuras rígidas para entrar en un estado creativo puramente instintivo, conectando con la niña que alguna vez jugó a inventar sirenas en esa misma orilla, siendo así que lo que comenzó como un experimento de improvisación sónica terminó por convertirse en la pieza central del cortometraje de arte que acompaña al disco y en el bonus track definitivo del álbum. 

De regreso al estudio, Moletta procesó y cubrió de texturas ese registro crudo, pero conservando la vibración de la cueva. Y en un último acto de comunión artística, la compositora entrelazó en esta pista final pequeños fragmentos y ecos de todas las vocalistas invitadas. Dando como resultado un coro espectral que resuena al unísono dentro de la piedra, borrando las fronteras del tiempo y el espacio, demostrando que incluso en la soledad de un abismo rocoso, las mujeres del álbum cantan juntas.

Al final de su inmersión, Oceanine se revela no sólo como un logro conceptual, técnico y creativo en la música vocal contemporánea, sino como un recordatorio de que los seres humanos seguimos tejidos al mito. En una era hiperracional que ha simplificado, distorsionado o despojado a los antiguos símbolos de su fuerza original, Jolanda Moletta utiliza el sonido como si fuese una herramienta arqueológica. 

Su obra no busca la nostalgia de un pasado perdido, sino la reactivación de una fuerza dormida en el inconsciente colectivo; un recordatorio de que la curación y la regeneración sólo son posibles cuando se aprende a escuchar el eco de las profundidades. Ejerciendo como un Hechizo de reclamación al transformar su propia voz en un océano inmenso listo para albergar los cantos de otros, Moletta destruye el mito de la sirena destructiva y erige en su lugar un templo de sororidad y resistencia. Oceanine nos invita a perder el miedo a hundirnos, a dejar de flotar en la superficie del mundo moderno y en su lugar, nos invita a descender al útero de piedra donde resuenan las verdades olvidadas.


Sources

Oceanine Bandcamp

Foxydigitalis interview


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