Flores de loto en el fango: Trauma, ruido y redención según Otay:Onii
Love is in the shit, Otay:Onii.
Album commentary.
Circo, trauma y catarsis.
Escuchar a Otay:Onii es adentrarse en un laberinto sonoro donde la belleza y el horror coexisten sin pedir disculpas. Lane Shi Otayonii, es una artista nacida en Haining (China) y recientemente establecida en el circuito del performance experimental europeo. Bajo su alias Otay:Onii, la creadora originaria de la provincia de Zhejiang, irrumpe este 2026 con Love is in the shit, un álbum que desafía cualquier intento de etiquetado biográfico o musical. Aunque su pasado junto a bandas como Elizabeth Colour Wheel o su participación en la ópera SANCTA la vinculan inevitablemente a la agresividad del Avant-garde y Metal.
“Love is in the shit” se consolida como una obra tan alarmante como cómica, tan desgarradora como reconfortante. Instalada desde principios de 2024 en la vanguardia del experimentalismo europeo tras su paso por el festival Roadburn, Otayonii teje aquí una mezcla bizarra de texturas industriales, folk e interrupciones rítmicas que flirtean con la estética del circo y lo macabro.
La compositora procesa sus traumas más profundos a través de un arco sonoro que transita de la serenidad absoluta a la demencia pura. Lejos de la rigidez de los géneros musicales tradicionales, el álbum utiliza el ruido abrasivo, los susurros y los wails (lamentos) distorsionados como herramientas de purgación. Es un viaje de supervivencia humana que nos arrastra al lodo, no para ahogarnos en la oscuridad, sino para demostrarnos cómo se limpia el alma a través del sonido.
Para mi, el álbum funciona como una criatura viva que muta cada segundo, emergiendo de esta fractura emocional y caos social de nuestros tiempos. Aunque la prensa musical intenta etiquetarlo como una amalgama de metal industrial, folk y vanguardia destructiva, la arquitectura sonora del disco se sostiene sobre una tensión constante. Entre el control absoluto y el caos: las frecuencias altas, cortan el aire mientras las vibraciones graves sacuden el suelo, creando un ambiente de inestabilidad donde lo orgánico y sintético se fracturan de golpe.
Dentro de este desierto de distorsión, Otay:Onii recurre a una imaginería sonora sumamente inquietante que bebe directamente de la estética del circo y lo grotesco. El viaje no se limita únicamente a instrumentos tradicionales sino también a la exploración sonora de texturas industriales para la narrativa emocional del proyecto.
Ahora bien, Lane Shi, es una de las exponentes más fuertes de las técnicas vocales extendidas en el panorama musical moderno. Aunque el pico más alto de su aportación vocal lo vemos más claro en su álbum de 2024 “True Faith ain't blind”. En este álbum la voz de Lane es el hilo conductor en este laberinto. Capaz de transitar sin escalas, de la poesía recitada y el susurro vulnerable a los lamentos distorsionados y alaridos salvajes, su interpretación es el reflejo de un intento físico por externalizar el pánico, el duelo y la rabia. No hay impostura en su agresividad; cada quiebre en su voz se siente como un exorcismo diseñado para arrastrar al oyente al centro de su propio laberinto mental.
Esta fricción psicológica alcanza su punto más magnético en la pista "Have You Ever", en donde la composición se rompe para dar paso a un pasaje interpretado en Tu hua, el dialecto de su natal Haining. Este giro lingüístico funciona como un retorno visceral a su subconsciente, un recordatorio de que, para hablar de las heridas más profundas, a veces hay que regresar al idioma de la infancia. Las letras de esta parte aluden a la añoranza y necesidad de ese algo que sientes disperso por el aire, ese sentimiento de extrañar algo que fue arrancado y no sabes dónde está, qué es, o cómo fue que lo extrañas en primer lugar.
Esto me provoca la necesidad de tocar la filosofía del álbum: encontrar la luz en el pozo. Necesario para entender ese hermoso contraste entre la brutalidad y la calidez sonora. Puesto que, detrás de esos ataques sónicos y las texturas abrasivas, en Love is in the shit, late un corazón sorprendentemente optimista, que busca derrochar amor aún durante el caos mundial en el que vivimos. El título, de hecho, con sarcasmo nos expresa que en la actualidad: “el amor está en la mierda”.
Sin embargo, a diferencia de la mayoría de trabajos “extremos” que se regordean en el nihilismo y la desesperación absoluta, el viaje de Lane Shi en este disco tiene como destino final la sanación.
Para la artista, este álbum es una bitácora de su travesía personal para aprender a ver la belleza sin importar el paisaje, incluso si ese lugar es, en sus propias palabras, un auténtico "pozo de basura" (shit pit). Hay un intento consciente por reconciliar los traumas del pasado que todavía tiemblan en sus huesos, pero esta vez con un ingrediente inesperado: el humor y la ironía.
“Cada uno de nosotros está roto de alguna manera”, reflexiona Otayonii. “Si alguien dice 'Oh, yo no estoy roto', tal vez sea un psicópata o un sociópata. Así que yo decido recoger esos pequeños pedazos rotos e intentar ver el sol a través de ellos; ver un arcoíris en la fractura de la luz”.
Esta metáfora de la refracción luminosa nos ayuda a entender la columna vertebral del proyecto. Pues de este modo, el título del álbum deja de ser solo una provocación escatológica de nuestros tiempos y pasa a ser una declaración de principios.
Y es que sí, las cosas están rotas, la realidad puede ser una porquería, pero el amor se encuentra, precisamente, en el quiebre de esa inmundicia. De este modo, al introducir elementos lúdicos y giros teatrales cómicos entre los pasajes de demencia pura, Otay:Onii desarma al oyente. Nos recuerda que la risa y el juego no restan seriedad al dolor; al contrario, son las únicas herramientas capaces de evitar que la oscuridad nos consuma por completo mientras intentamos reconstruirnos.
Ahora bien, para entender el alcance emocional de este manifiesto, podemos detenernos y hablar pieza por pieza, sin embargo, me gustaría centrarme en pistas principales del proyecto. Principalmente en dos polos opuestos que podemos concretar: la catarsis colectiva del dolor y supervivencia y el aislamiento íntimo del duelo.
La primera de ellas es "Love from Survivors", un pilar conceptual donde la artista aborda directamente sus traumas personales más profundos. Bajo la cruda premisa de que los seres humanos no nacemos con amor, sino con una maldad intrínseca que debemos aprender a moldear a través de la experiencia, la canción se convierte en un homenaje a quienes han atravesado niveles e infiernos de abuso o dolor y han logrado salir con vida.
“Para mí, esta canción es imaginar a una persona saliendo de una experiencia traumática y sosteniendo su amor diez, cien, mil veces más fuerte que antes” explica la compositora.
Los gritos desgarradores que inundan la pista no buscan la autodestrucción; son el equivalente sonoro a vomitar el veneno, a vaciar el cuerpo para poder limpiarlo. Es un intento desesperado por reconectar los cables del cerebro, gritar hasta vaciar los pulmones y despojarse de esa sombra que acecha en la espalda para reclamar el derecho a vivir una experiencia diferente.
Por otro lado, en el extremo opuesto de esa furia se encuentra el tema “The Plaice” un track dedicado a las relaciones rotas y a la pérdida de amigos. Aquí el dolor no se manifiesta en alaridos sino en una cicatriz abierta y silenciosa. Otayonii explora la frustración de querer comunicarse con las almas que ya no están, sintiendo cómo las palabras se pudren en la boca porque ya no existe un puente que las sostenga. “My mouth rot” canta entre líneas pesadas de piano mientras escuchamos sus gritos de fondo.
La canción abre y cierra con pasajes sonoros similares que emulan canciones de cuna. Estas melodías infantiles y delicadas funcionan como un bálsamo sónico diseñado para arrullar y consolar tanto a la propia artista como al oyente, recordándonos que perder a alguien es, ante todo, un proceso de duelo lento que requiere ternura para sanar.
A pesar de la gran explosión y manifiesto que envuelve a “Love is in the shit” la entrega aún no se encuentra completa, puesto que el material en vivo sirve como una continuación al disco que recién fue lanzado en mayo, siendo así también parte de un acto de performance artístico de liberación emocional. El caos controlado de Love is in the shit no se limita a las fronteras del formato de estudio; cobra una dimensión casi ritual cuando se traslada al escenario.
Para esta parte Otay:Onii ha diseñado una puesta en escena donde el cuerpo y la tecnología se fusionan en un acto de performance pura. El núcleo técnico de esta experiencia es un singular dispositivo de distorsión sonora construido por la propia artista, cuya morfología imita a una flor de loto emergiendo de entre los desechos, funcionando como una instalación y arquitectura sonora. Este artefacto no es un simple accesorio visual, sino una interfaz táctil que Otayonii manipula en tiempo real para alterar, fracturar y modular las señales de audio durante el concierto.
La elección del loto no es casual: en la tradición oriental, esta flor es el símbolo definitivo de la pureza espiritual que logra florecer precisamente en el fango más espeso. Al transformar el ruido y la interferencia a través de este objeto metálico y conceptual, la artista materializa la tesis de todo el álbum ante los ojos del público. El dispositivo es la metáfora hecha carne, el acto físico de meter las manos en el detritus sónico para extraer de él una belleza convulsa, mutante y profundamente sanadora.
Al final del viaje, Love is in the shit se revela no como un ejercicio de provocación sonora, sino como un acto de fe. Lane Shi, ha construido un refugio inclasificable donde los escombros del dolor no se ocultan, sino que se exponen bajo una luz nueva. A través de gritos, canciones de cuna y de ese loto ruidoso que florece en el fango, la artista nos demuestra que la única forma de limpiarse de la oscuridad es teniendo la valentía de arrojarse de cabeza a ella.
Este álbum es un mapa para los sobrevivientes; un recordatorio de que estar roto no es el final de la historia, sino la condición necesaria para que la luz se refracte. Otay:Onii nos arrastra al pozo lleno de inmundicia solo para enseñarnos a mirar hacia arriba y descubrir que, incluso allí, en el rincón más hostil y agrietado de nuestra existencia, el amor sigue resistiendo, intacto y mil veces más fuerte.
Fuentes:
Gracias por la recomendacion Sofi, te leo siempre no pares!
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